“Infondación”
Me habría gustado titular esta entrada como: Inmigrantes digitales versus nativos digitales en la época de la superabundancia de información: todo un reto en la educación del siglo XXI, donde los inmigrantes digitales serían los docentes y los nativos digitales los alumnos. Pero en el mundo de lo efímero y del sincretismo, de las píldoras de información, de las citas entresacadas de compendios de filosofía, de los microrrelatos, de lo visual y conceptual como manera de aprehender el mundo, era demasiado largo. Gráficos, esquemas, infografías, que a golpe de vista aglomeran y sintetizan la información, es lo que predomina en la era de la infoxicación. Y, además, ya se está llenando la red con información al respecto, “ríos de tinta corren”, tanto sobre la infoxicación y el exceso de información, como sobre la educación en la era digital.
Esto ha implicado también un cambio cognitivo en la asimilación de los contenidos y en su lectura. Ya Julio Cortázar en Rayuela nos iba entrenando con el hipertexto, saltándose la lectura secuencial, y Borges con su Biblioteca de Babel nos dejaba entrever cómo sería la biblioteca universal, esta que estamos construyendo entre todos.
Aunque “leer letras en una página no es más que una de sus muchas formas. El astrónomo que lee un mapa de estrellas que ya no existe; el zoólogo que lee las huellas de los animales en el bosque; el organista que lee al mismo tiempo diferentes líneas de música orquestada; el pescador hawaiano que lee las corrientes marinas hundiendo una mano en el agua (...)en todos los casos, es el lector quien interpreta el significado; es el lector quien atribuye (o reconoce) en un objeto, un lugar o un acontecimiento cierta posible legibilidad; es el lector quien debe adjudicar sentido a un sistema de signos para luego descifrarlo. Todos nos leemos a nosotros mismos y el mundo que nos rodea para poder vislumbrar qué somos y dónde estamos”.
Hay muchas formas de leer, desde siempre, y el infinito para leer, en nuestros días. Zygmunt Bauman decía:
“Cuando yo era joven anhelaba tener la clase de acceso a la información que tengo ahora, pero con el pasar de los años he descubierto que el exceso de información es peor que la escasez. Nos estamos distanciando del pasado a toda velocidad, de lo cual resulta el impacto de dos fuerzas, una es la fuerza del olvido y la otra, la de la memoria. No hay tiempo para entrar en materia, de modo que la memoria guarda un recuerdo deformado del pasado. No sabemos cuánto van a durar las concepciones que se establecen con unos cimientos tan débiles. Esto no es serio. El problema es cómo conseguir llegar a la información relevante, cómo distingues la basura de lo relevante. Se trataría de saber si un año después le interesa a alguien lo sucedido el año anterior, si dejó algún rastro”.
Si vamos al ámbito de la educación, los nativos digitales, los alumnos de ahora, están más o menos adiestrados en este mundo virtual, por lo menos en la parte utilitaria, pero, ¿son capaces de llegar a la información relevante? Cassany comenta: “Leer en línea es mucho más difícil que leer en papel, por lo que los chicos necesitan aquí mucha más ayuda de los maestros. Nos equivocamos si pensamos que ellos ya lo saben hacer todo… y que nosotros no sabemos… Quizás ellos sean buenos configurando un ordenador o resolviendo un problema técnico de conexión, pero carecen de actividades estratégicas para leer críticamente en línea”. (...) “hay que enseñar a leer críticamente fotos, vídeos, audios y perfiles de redes sociales, porque en la red hay mucha más porquería”.
Además, el alumno no es solo receptor sino también productor, colaborador, y ello significa también un cambio de relación entre profesor-alumno. Y así van apareciendo nuevas formas de enseñanza-aprendizaje. Cassany enumera algunas:
Aprendizaje ubicuo, que sucede en cualquier lugar (Nicholas Burbules; Gvirtz y Necuzzi 2011).
Educación invisible, no reconocida, integrada en el día a día (Cobo y Moravez 2011).
Edupunk, con el lema “hazlo por tu cuenta” y un famoso edupunkmanifiesto (Jim Groom y Brian Lamb).
Educación expandida, que fomenta prácticas educativas coherentes con la cultura digital, las redes sociales, la participación colectiva, el software libre y el copyleft (Zemos 98).
Banco Común de Conocimientos, que hace emerger los aprendizajes realizados por las personas en cualquier contexto, los conecta y los suma en un fondo común (Platoniq).
Por supuesto, estos conceptos desafían a la institución académica y discuten su primacía o su sentido en la época digital.
Jordi Adell es, precisamente, una de las voces más oídas y entrevistadas en relación con Pedagogías Emergentes.
En este nuevo marco educativo, el docente se convierte en un mediador, en un orientador, en un mentor, que tiene que estar capacitándose permanentemente, tiene que “aprender a enseñar mientras se aprende, aprender junto con los alumnos, aprender de los alumnos, aprender investigando”, y sobre todo enseñar al alumno a ser autónomo, a aprender a aprender para poder ser un individuo en la sociedad líquida, de la que nos hablaba Zygmunt Bauman. En la historia de la humanidad hemos pasado de las sociedades colectivas a la individualidad y de la individualidad a las sociedades conectadas mediante el constructivismo, y en esta modernidad líquida tenemos que crearnos una nueva identidad.
En el blog de negtic en su entrada Filtrar, organizar y compartir contenidos: la nueva competencia en la sociedad de la información se mencionan algunas herramientas para estas tres partes del proceso:
identificar, buscar y filtar: Google, Bing, Topsy, Tiching, Diigo, Feedly, Facebook, Twitter, scoop it…
- publicar-distribuir- compartir: redes sociales, blogs, pinterest, slideshare, scribd, Paper.li, storify…
¿Son solo herramientas? Según Alejandro Piscitelli no son una caja de herramientas sino una nueva cultura.
Sí, son una nueva cultura, una nueva realidad, pero que hay que saber gestionarla. Javier Velilla nos habla de cómo evitar la infoxicación, al igual que Ignasi Alcalde en dos artículos: De la infoxicación a la visualización y Dieta digital: cuando menos es más.
¿Y en el mundo de ELE, es decir, de la enseñanza de español como lengua extranjera, que es el campo en el que desarrollo mi actividad profesional? Está claro que sobre todo cuando la enseñanza-aprendizaje se hace en entornos de no inmersión, la puerta al mundo virtual ofrece infinidad de posibilidades tanto para el profesor como para el aprendiente de la lengua tanto de input como de output. Comparto aquí la presentación de Victoria Ángeles Castrillejo de su taller: Cómo ser profesor de ELE eficaz en una época de abundancia informativa, que en su momento quería dar unas pequeñas orientaciones de cómo recopilar: imágenes, textos, crear, guardar… Pero me ha gustado la entrada del blog de Clara Sánchez sobre cómo gestionar la información para un aprendizaje autónomo eficaz porque resume de una manera práctica a través de un mapa conceptual cómo ayudar a los estudiantes a elegir la información para seguir aprendiendo fuera del aula, en su caso virtual, para equilibrar sus destrezas comunicativas: leer, escuchar, escribir, hablar e interaccionar.
Finalmente no titulé esta entrada: Inmigrantes digitales versus nativos digitales en la época de la superabundancia de información: todo un reto en la educación del siglo XXI e inventé una palabra: INFONDACIÓN inspirada por una imagen, la de la inundación de París de 1910. Una inundación hizo flotar los libros de una librería de la rue Jacob, como ahora ante la inundación de información flotan por la modernidad líquida. Infondación como información + inundación, pero también se puede interpretar como el reverso de infoxicación, no quedarse en lo superficial, sino seleccionar, gestionar e ir al fondo: INFONDAR. ¿Por qué no? En cualquier caso, cada cual que haga su lectura, porque una imagen, hoy en día, finalmente vale más que mil palabras.
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